Hay veces en la vida en las que debes empezar a plantearte como vas a ser. Irte de casa, tener un buen trabajo, formar una familia, en fin, crecer como persona.
Existe una fuerza en el mundo (se puede llamar Dios o destino) que consigue que cada cual encuentre su camino. Creo que este destino me ha encontrado y me está guiando por mi camino.
Ayer me llamó un número que me resultó extraño. Y me dio un gran noticia. Un trabajo, en otra ciudad, dinero, responsabilidad, libertad,...miedo...
Aún no está confirmado...pero a lo mejor consigue salir. Y entonces seguiré mis pasos, el camino que quiero. Sé que es repentino y que dejo muchas cosas buenas (aunque no para siempre) pero...creo que mi vida necesita un poco de riesgo. Y por eso, si mañana me llaman y me dicen "sí", lloraré de máxima alegría.
Me ha dado por escuchar música. Antes leía, leía sin parar. Pero últimamente no encuentro un libro que me llene y que me enganche. No están nada mal, para qué engañar, pero tampoco me apasionan.
La música, en cambio, me llena de alegría. Me hace soñar, sentir. Es...especial. Algo realmente mágico. Entran ganas de saltar, correr, reír, llorar, bailar sin parar, cantar a todo volumen. Eso siento mientras la brisa veraniega (la poca que hay) me da en la cara. Es maravilloso.
Hace un tiempo pensé que ya no existía nada que me diera una buena razón para seguir aquí. Quería escaparme, irme lejos donde nadie pudiera encontrarme. Me sentía vacía. Pero, poco a poco voy encontrando mi camino.
Quiero volver a vivir, a sentir que realmente lo que hago merece la pena.He decidido olvidarme de mis problemas. Quiero no parar de sonreír, sentir cada momento como si fuera el último.
Y si alguien intenta estropearme el día, enciendo el iPod, lo enchufo a los altavoces y escucho música. Qué más da el estilo. Tanto lo clásico, como el pop, el rock, el chill-out, el dance y variados me hacen feliz. Depende del momento y del estado de ánimo.
Muchos tienen miedo a la soledad. Pero hay veces que la única compañía que se necesita para estar bien es la música. Y que te salga un solitario =)
El hombre estaba sentado en uno de los extremos del banco y miró a la joven que se sentaba a su lado con una pequeña libreta en la mano. La chica sacó un bolígrafo de su bolso bandolera y no pudo evitar mirar al hombre que se sentaba a su lado.
- Dígame, ¿viene mucho por aquí?
El hombre la miró, extrañado.
- ¿Quién? ¿Yo? Cuando puedo, hija, cuando puedo.
Era de mañana, alrededor de las 10. Tal vez un minuto más. El Parque Primo de Rivera de Zaragoza se expandía a los ojos de esas dos personas tan diferentes, sentadas en el mismo banco. Los árboles del parque dejaban que el otoño entrara en forma de brisa y de color, arrancando sus hojas maduras en un baile sin música.
- Yo debería venir más a menudo.
El hombre, con su chaqueta negra y su camisa blanca dejaba entrever un diente de oro cuando sonreía. Su pelo, escaso, tenía el color del humo de su cigarro. Única contaminación aparentemente visible en ese verde entorno.
- No quisiera molestarle, pero me gustaría hacerle algunas preguntas.
El Parque Grande y el Jardín Botánico
Caminaba yo, por los caminos trazados por asfalto dentro del parque. Debido a la hora, casi no se veía a nadie. Unos pocos deportistas que corrían sin parar. La mayoría con música artificial en los oídos. Otros, la mayoría jubilados, se limitaban a sentarse en bancos o a pasear entre los árboles.
Seguí andando. Pasé la fuente de Neptuno, alta y majestuosa, como el propio Dios griego, que guarda las aguas para que nadie las corrompa. Señor de los marineros, parece representado allí como ofrenda, para que el agua nunca falte en la ciudad. Misteriosamente, cuando la erigieron, nadie pensaba en la Expo de este año que viene.
Llegué a mi rincón favorito. El Parque de los Patos, como suelo llamarlo. Nunca lo llamaré Jardín Botánico, que es su nombre original. Para mí siempre será el Parque de los Patos. Muchos todavía no se han despertado. Otros navegan por las aguas de su estanque. Mientras, las palomas intentan escapar de sus mazmorras, en vano. A muchas les gustaría jugar con sus amigos alados, pero el egoísmo del hombre por controlar la Naturaleza les impide hacer tal cosa.
- ¿Y qué quieres saber?
El Rincón de Goya
Dejé lejos el Parque de los Patos y me dirigí al Rincón de Goya. Me senté en el césped, todavía un poco húmedo por la frescura mañanera, y contemplé todo lo que tenía alrededor. Tonos de verde mezclados con el oro de las hojas. Los pájaros volaban y piaban sobre mis cabezas, anunciando a sus compañeros el frío, decidiendo su rumbo para huir del invierno. Casi quieta, uno de ellos se me acerca con curiosidad. Un gorrioncillo, pero huye en cuanto le acerco la mano.
Me levanto para seguir mi camino. La brisa y el sonido de los pájaros, mezclados con algunos pitidos de los coches que circulan por Isabel la Católica, acompañan mis pasos. Vuelvo a la Avenida Principal, a la Avenida de San Sebastián y me siento al lado de una fuente. Aún no la han encendido. Da lo mismo. Por las noches las fuentes se encienden. Bueno, sólo algunas. Y encienden las luces de colores. Y parece que el agua se tiñe de los 7 colores del arco iris y bailotea al ritmo de una música que sólo ella escucha y comprende.
Las noches
Porque las noches en el Parque Grande no son iguales a los días. Hay menos deportistas, aunque algunos se pueden llegar a ver. Las calles están desiertas. Los chiringuitos, cerrados. Los puestos para alquilar las bicicletas y los coches a pedales han desaparecido. Pero, sólo por ver el maravilloso espectáculo que se celebra en el Parque Primo de Rivera, merece la pena ir. Al fondo, en las escaleras que conducen a la parte alta del parque, donde El Batallador se alza sobre nuestras cabezas coronándolo todo, como vigilando para que Zaragoza no vuelva a caer en manos del Islam.
Leyendas urbanas
- Hay una leyenda urbana, no sé si de veras es cierta o no, pero es algo curioso que te puedo contar:
“Cuentan que un día, en las fiestas del Pilar, los zaragozanos celebraban con bailes y música el día de la Pilarica. Cuentan que el Batallador tuvo envidia de ellos y que, al ser un gran rey, se bajó del pedestal, cogió a su león y, bajando por las escaleras, se acercó a los mañicos para festejar con ellos el gran día”.
Lo miró con incredulidad. El viejo seguía sonriendo a la chica mientras ésta le escuchaba casi con la boca abierta.
- He vivido toda mi vida aquí y nunca había oído esta historia.
El hombre sacó un trozo de pan y se lo dio a la joven.
- Es lo que tienen los años.
Quise alquilar una bicicleta, pero no llevaba suficiente dinero en el bolsillo. ¡Diez euros! Me pareció carísimo. De todas formas, tampoco tengo mucho dinero como para permitirme una hora de bicicleta o de coche a pedal. Mejor sigo andando.
No hay niños a estas horas. Lástima. Es lo que más alegría da a los parques, las carcajadas de los niños. Una mujer pasea a su perro por la cuesta de césped que hay justo a la entrada del Parque. Sólo tienes que girar a la derecha. Detrás de la estación de tren.
- Mi hijo venía aquí todos los fines de semana:
“Ahora los jóvenes tenéis distintas aficiones, pero en el época en que mi hijo era joven, justo antes de que lo llamaran a la mili, más o menos, no lo recuerdo bien, tenía aquí con unos amigos, un club de animales. En esa caseta de piedra, justo en la cuesta, ¿la ves? Pues allí iba todos los sábados. Tenían un lobo y todo. Al final lo cerraron y soltaron a los animales”.
- ¿Cómo ocurrió en el Parque Bruil?
- No exactamente, lo del Parque Bruil fue muy distinto.
Ahora me dirijo al gran Batallador. La principal estatua del Parque. Subo las escaleras. Allí está, justo encima del símbolo de Zaragoza, el león. El hombre que reconquistó Zaragoza. Rodeado por una fuente enorme. Apuesto y hermoso.
- Te puedo contar otra leyenda. Pero esta es la que le conté a mi mujer para cortejarla.
La chica no pudo evitar sonreír mientras le quitaba el capuchón al bolígrafo para registrar todo lo que el hombre le contaba.
“Cuando comenzaron a poner las luces a las fuentes del parque solíamos venir de novios porque era muy romántico. Le conté, entonces que esas luces eran para recordar a una mujer que murió por amor en este parque. Cuentan que por las noches salía a pasear llorando su amor y que todo aquel que quería verla, era deslumbrado por miles de luces de colores para no poder admirar la belleza de la joven”.
- Pero eso es sólo un cuento que me inventé. Pero no me digas que no es original.
Volví a sonreír. El hombre miraba con curiosidad mi cuaderno y me pidió que se lo dejara leer.
- Supongo que son sólo anécdotas de un viejo al que le gusta ir de vez en cuando al parque.
Otros rincones
Recorrí el camino de asfalto y aparecí en el bar Las Ocas. Cerrado en otoño, y más a estas horas. Pero las sillas de plástico siguen distribuidas por el césped. Parece un cuadro. El color blanco de las sillas destaca entre el césped verde. O una escultura abstracta de estos artistas que se dedican a hacer de los paisajes algo mágico.
Pasé Las Ocas y me dirigí al kiosco de música. Está en otra de las entradas del parque. O si no, entrando a la izquierda.
Ese kiosco tiene historia pues es el mismo que antes estaba en el Paseo Independencia pero que, con las reformas, se trasladó aquí. Cada vez que lo veo viajo al pasado y me imagino a una banda tocando música para los paseantes. Ahora, ya no es así. Sólo es un monumento cultural que conservar. De un color verde desgastado y rodeado de unas carpas de hierro, el kiosco se alza, intentando recordar los viejos tiempos que nunca volverán.
- Lástima que esté la estación cerrada.
Como no hay niños la estación del tren “Chu-chú” está cerrada. Me encantaría montarme y así poder relatar todo lo que se ve desde los ojos de ese tren de colores que, cada vez que ve a alguien circular en bicicleta o en tándem, deja sonar su pitido. Es un viejo tren a motor, simulando un tren a vapor de los antiguos. A los niños les encanta.
- He de irme.
Cuando se levantó, me quedé inmóvil en el sitio. Se despidió de mí con un beso en la mano, como los caballeros.
No hicieron falta más palabras. Me quedé mirando como se alejaba. Cojeando. Y entonces pensé en la corta pero gran complicidad que pueden tener dos personas sentadas en un banco. En este caso, un hombre y la chica de la libreta.
He vuelto a empezar una historia. No sé si como las demás volverá a salir adelante, pero bueno lo intentaré. Aquí tenéis el primer capítulo. ¡Disfrutadlo!
-Deja de tocarme el pelo.
Lo dice con un tono de amenaza pero el chico le sigue acariciando la cabeza.
-No te pongas así. Si sabes que te gusta.
A Lidia le parece hasta irritante. Juan no para de acariciarla sin parar.
- Ya te dije que estoy con alguien.- dice mientras le aparta la mano- nueve meses. ¿Eso no te dice algo?
El chico se queda mirándola con curiosidad. Lidia suspira con resignación.
-vamos en serio.
Juan sigue insistiendo. Lidia intenta alejarse, pero él la persigue.
-Eso no me dijiste esa magnífica noche que pasamos, ¿a qué no?
Lidia no puede aguantarlo más. En su interior se arrepiente de esa estúpida noche y de haberse dejado seducir por ese niño pijo.
-vale, pero tú tampoco me dijiste que tenías novia.
-¿qué más da? Lo único que quería era estar contigo.
-Ya, y acostarte conmigo también, ¿o no?
Lidia se levanta del sillón y se dirige a la barra del bar. Esquiva a varias parejas que no dejan de besarse, ajenos a lo que ocurre a su alrededor. Pide un vodka con naranja y, antes de poder reaccionar, nota las manos de Juan agarrándole la cintura.
-Venga, venga. No te pongas así. – le huele el cuello- ya sabes que no llegamos a tanto.
El aliento de Juan recorre el cuello de Lidia hasta llegar a su oído.
-Podríamos terminar lo que empezamos, ¿no? – le susurra.
-Me estoy resistiendo a pegarte una patada en los cojones – sigue amenazando Lidia.
Juan la coge y le da la vuelta con fuerza. Agarra sus manos y presiona su cuerpo contra él de ella, impidiendo su huida. “Déjate llevar”, dicen sus ojos.
El beso fue fuerte, violento. Sin ninguna respuesta por parte de ella. Él recorrió sus labios. Le cogió de su pelo largo y tiró con mucha fuerza. Lidia ni siquiera cerró los ojos. En un intento de poder escapar, le empezó a pellizcar el pecho. Pero eso no hizo más que avivar la pasión de Juan. Ella notó como la lengua de él se deslizaba dentro de su boca y buscaba la suya. De repente, él abrió los ojos y la miró. Se separó de ella y sonrió.
-Podrías poner un poco de tu parte.
¡Plas!
La bofetada pilló a Juan desprevenido. Se apartó de Lidia y se tocó la mejilla con la mano. No parecía enfadado.
-Me encanta cuando te enfadas. Estás…muy sexy.
Lidia le empuja y se aleja. Por suerte, esta vez no es perseguida.
Harta de buscar príncipes azules la princesa se casó con un mendigo...
...y años más tarde se separaron.
¿Para qué casarse? ¿Para qué creer en el verdadero amor si no existe?
Es el odio, la posesión o el miedo lo que sentimos. No amor.
El amor no existe.
Pasé mi vida buscando el amor (la adolescencia fue la etapa en la que más predominó esa búsqueda). Y luego me di cuenta de que realmente no existe.
Todos desean encontrarlo. Antes pensaba que era el principal motor que movía al ser humano. Pero en el mundo hay guerras, hambre, sufrimiento. Eso no tiene que ver con el amor...
He de admitir que lo encontré. Donde menos lo esperaba. Ahí estaba. Y lo perdí. Ahora no puedo ni mirarlo a los ojos.Y cuando creo que lo he vuelto a encontrar...solamente es la mentira disfrazada.
¿Para qué? Si luego todo termina.
No quiero volver a sufrir. No quiero volver a engañarme.
El primero que no haya sufrido por amor, que tire la primera piedra...
Sí, me pesan sobre mis hombros.Cuando era pequeña pensaba que nunca jamás llegaría a esta edad. No, no pensaba que moriría prematuramente. Simplemente no quería llegar a esta edad.
21...
Lo peor de todo no es la edad. Siento...que no siento. ¿Tantas putadas me han gastado? ¿Me he vuelto indiferente de los sentimientos de los demás?¿Realmente he llegado a pensar que lo importante soy yo misma?
Tal vez el hecho de no llorar en estos meses por una relación tan larga, por ser capaz de mandar a la mierda a mi mejor amigo, por verte y no desear decir absolutamente nada.
Por criticar sin parar. Por convertir hechos que sólo meten cizaña en mis temas favoritos de conversación.
¿Acaso no hay temas felices para poder hablar sin tener que criticar?
Los 21...no sé si es experiencia...o sencillamente que la vida es una mierda.
El pasado lunes día 8 aquí cierta personita cumplió 21 añazos. Y no recibí ningún paquete envuelto con papeles de colores y con un gran lazo en la parte superior. No. Pero a cambio recibí otros muchos regalos.
A las 9 y media de la mañana llegué a la biblioteca a repasar el exámen de esa misma tarde y cada vez que veía que el móvil se iluminaba mi corazón daba un vuelco. 13 sms de gente a la que quiero con locura deseándome lo mejor para mis 21 añitos.
También llamadas de mi familia, mi prima Isabel de 4 añitos cantándome con su voz cantarina el cumpleaños feliz. Odio que me la canten pero, por ser ella, se lo permito. No como a Ana que en cuanto me vio en la uni empezó a cantarla y le tuve que hacer callar.
Antes de irme a la universidad, encontré un sobre con mi nombre escrito. Dentro, una familia de gatitos. Enseguida supe de quién era. Mi amigo Samu había venido de propio a mi casa, hay que destacar que vive en la otra punta de la ciudad, y me había metido ese sobre en el buzón.
Mis hermanos se esforzaron y bajaron a comprarme un helado de Haagen-Dazs de Cookies and Cream para tomarlo de postre.
En el Tuenti recibí más de 50 felicitaciones de gente. Ver tantos avisos verdes en el Inicio dan mucha ilusión, de veras.
Y por último, pero no menos importante, la espléndida cena a la que me invitó. No me quiso felicitar, ni una llamada, ni un sms, nada. Y eso que hablamos a lo largo del día. Me dio un beso cuando me vio, pero no dijo nada. Le acusé de no haberme felicitado y me llamó "poco romántica". Le prohibí que convenciera a los japoneses que me cantaran el cumpleaños feliz. Pero no paró de reir y de hacer el tonto en toda la cena. Y justo al final, cuando salimos del restaurante, me cogió y me dijo: "Felicidades".Y después un día entero juntos.
Porque son estos pequeños detalles los que te hacen vibrar y amar la vida.
Siento ponerme tan filosófica, pero no puedo evitarlo.
Se sentó en la escalera. Era el sitio más frío, mugriento y oscuro del lugar, pero a ella no le importaba. Lo importante era que estaba sola. Nadie pasaba nunca por allí. A veces sólo una pequeña camada de gatos en busca de caricias, y a poder ser, comida. Allí se quedaba. Horas y horas. Sin moverse. Totalmente quieta. Miraba a la lejanía con sus ojos azules, en los cuales se podía ver un brillo especial. Imaginativo. Su madre siempre se lo decía. Debía haber sido escritora. Pero allí estaba. Sentada en esa escalera. Sola. Totalmente sola.
El hombre apareció a la media hora. “Mar, te andábamos buscando”. La cogió de la mano y la levantó con cuidado. La chica lo miró: Moreno, ojos verdes. Siempre vestido de blanco. Caminaron del brazo unos metros. Mar siguió mirando a la lejanía. “No deberías irte por ahí sola, justo a la hora del baño”. Ella lo ignoraba. Seguía ensimismada en sus pensamientos. Pasaron casi diez minutos cuando articuló tres sencillas palabras: “No me gusta”. Bañarse. El hecho de bañarse lo odiaba. El agua era para beber. No para malgastarla. Además al día siguiente sentía un dolor muy fuerte en la parte de abajo del estómago. Un dolor que casi todo el mundo había pasado por alto.
El pasillo era de color blanco sucio. Sucio de no haber sido limpiado en años. Olía a medicamentos y a orina. Numerosos zombis se paseaban por él, la mayoría acompañados por hombres y mujeres vestidos de blanco. Mar caminó lentamente. Aún del brazo del chico. Entraron en la luminosa habitación, tan blanca como la tez de ella. El chico la soltó un momento para cerrar la puerta, Mar aprovechó para sentarse en el duro colchón de la cama que tenía asignada. Se quedó mirando a la lejanía, siempre mirando a la lejanía.
“¿Qué piensas?”
Un silencio llenó el cuarto tras la pregunta del enfermero. Mar casi nunca contestaba a esas preguntas estúpidas. Porque eso era lo que eran. Estúpidas. Siempre intentando saber lo que había dentro de su mente. ¿Por qué tanto interés en ello? ¿Por qué no la dejaban en paz? Por esas preguntas la habían encerrado allí. Ella lo sabía. Estaba tan loca como para estar encerrada allí, y tan cuerda como para saber que no lo estaba.
“¿Qué piensas?”
El eco de la pregunta continuaba martilleándole la cabeza. Pero ella seguía mirando hacia el infinito. Dejó que el enfermero le pasara una esponja por la frente. Levantó la mano y señaló la mesa que se encontraba justo enfrente de la cama. En ella, había una libreta y un bolígrafo. El chico, obedeciendo las órdenes de Mar, se acercó a la mesa y cogió lo que ella señalaba. Mar recogió el boli. Pasó una hoja de la libreta llena de garabatos y apuntó: ¿Qué piensas?
“¿Por qué apuntas lo que te he preguntado antes?”
Mar ni le miró. Escribió una frase más y dejó la libreta con el boli en la mano del enfermero. Éste no pudo evitar mirar lo que había escrito. Su rostro adquirió un color cada vez más rojo. Tiró la libreta al suelo.
“Informaré de esto a la Doctora”.
Y seguidamente cerró la puerta de golpe. La sonrisa de Mar se ocultó tras su rostro.
Se acercó al suelo y recogió su tesoro. “Porque yo debería haber sido escritora”.
Mientras camino por la calle una gota de lluvia cae sobre mi mejilla. Es como una lágrima del cielo. No me interpongo en su camino. Suavemente se desliza hacia mis labios, donde muere.
El viento mueve mi pelo, arriba y abajo, derecha y luego izquierda.
Las nubes oscuras cubren el cielo, tiñiéndolo de un azul oscuro, casi negro. Las luces de las farolas y de los coches iluminan el anochecer.
Y no puedo evitar sonreír.
Porque hay días en los que te das cuenta de que la felicidad está en las pequeñas cosas:
Una gota de lluvia, El viento, Una sonrisa, Una carcajada. Una lágrima de emoción, Una canción que te ponga los pelos de punta, Un abrazo
Pequeñas cosas que te hacen superar las adversidades y las penurias. Pequeñas cosas que te dan la fortaleza para afrontar la vida. Porque el poder no es grande, lo son todos los pequeños elementos que lo componen.
Porque hay días en los que sientes como tus alas vuelven a aparecer.
Porque tienes miedo? porque piensas que debes hacer feliz a los demás? porque no te arriesgas? porque no piensas en ti misma por una vez? porque no olvidas los temores?
Sal a la calle y salta, mira a la gente, saluda, sonríe, disfruta del viento en tu cabello, escucha los pájaros y los coches y construye una melodía con ellos
Sáltate una clase, siéntete rebelde, tomate un café y pasa de todo, luego pide los apuntes, no hagas un trabajo, o tarda en hacerlo y entregarlo
No te sientas responsable de algo que tu no has hecho, no hagas la cama por un día, olvídate de la familia y dedícate a ti.
Trabaja y gana dinero para ti, cómprate ropa nueva o un buen disco de un buen cantante, compra una revista de adolescentes, échate en tu cama y ríete con los artículos estúpidos,
Lee un buen libro de un tirón, aunque sea hasta las 4 de la madrugada, cierra los ojos y piensa en los personajes
Aunque estés cansado sal por ahí, ya dormirás luego, pásalo bien con tus amigos, emborráchate, si son buenos amigos te llevaran a casa y te acostaran en la cama
No te levantes pronto, olvídate de los relojes y pásate el día en la cama aunque lleves en ella más de 12 horas.
Ponte un conjunto para reírte, maquíllate como nunca lo harías solo para ver como te queda, hazte una foto y ríete al verla
Ríe a carcajadas, llama a un amigo y comparte el momento, habla con el, llora si es necesario, no te guardes las cosas en tu interior para que te devoren, siente como salen de ti como un suspiro.
Sal con alguien que te lo pida, arriésgate y conócele bien, si no te gusta escápate, pero primero conócele, dale un beso suave, tírate a la piscina sin miedo, siempre habrá agua y una toalla para secarte.
Escucha a todo volumen una canción te guste, repítela una y otra vez hasta que entiendas su significado
Recuerda a un antiguo amor y de golpe acuérdate del nuevo
No tengas miedo a amar, ni a decir que no a algo que odias, aprende a dar la cara a los que detestas, no te escondas en las esquinas, sal a la luz
Piensa que muchas personas son felices si solo tú eres feliz, sé un poco egoísta alguna vez y piensa solo en ti
(Perdón por las faltas de ortografía)
lunes, 14 de abril de 2008
Salvador Dalí
"Aunque no lo parezca es el cuerdo el que estalla de locura al ver que el loco ha llegado antes a la felicidad"
Quiero morirme. Es más, merezco morir. Por estúpida, por no tener sentido. Por prohibirme a mi misma ver la realidad de mis sentimientos. Sentimientos encerrados, decapitados por mi cabezonería y mi forma de ser. Por amar a alguien a quien nunca debí haber amado. Ella era mi vida, mi pasión. Mi razón de ser y todas esas habladurías que ella leía y escribía en su diario. Tal vez su pasión por escribir me inspiró a plasmar en el papel mi confesión. La quise, la quise muchísimo. Y se que aún la quiero. Ojala pudiera despertarme cada día con su cuerpo desnudo a mi lado, cubierta por una fina sábana de algodón, de esas de dibujitos que tanto le gustaban, y poder abrazarla. Oler el perfume de sus cabellos, mezclados con la colonia de frutas que usaba exageradamente. Decía que era porque tenía la sensación de oler siempre mal, un complejo, una mentira. Siempre olía a ella misma y para mí eso era suficiente. Siempre la tuve a mi lado, siempre pude ver su hermoso cuerpo desnudo delante de mí, siempre pude rozar sus manos y abrazarla en un momento dado. Compartimos buenos y malos momentos. Pero nunca compartimos lo que yo tanto ansiaba. El poder besarla en los labios, suavemente, mucho mejor que como se besa en las películas. Demostrarle que sí había una persona que la amaba de verdad. Y que la tenía enfrente de sus narices. Pero nunca lo vio. Estaba demasiado ciega. Además, ¿como se iba a fijar en mí? En su mejor amiga.
Cada día mis sentimientos crecían y crecían mientras ella me contaba su patético amor por ese gilipollas de cuarto curso. Aún quisiera poder tenerlo cerca para pegarle una ostia en todo su cara de “niño-pijo-guaperas-maricón reprimido” como solía llamarle yo. Ella reía, o se enfadaba, “¡Él no es así!” me reñía, “es un chico sensible...y taaaaaaan guapo.” Suspiro. No se puede hacer nada por el amor de una niña en el cuerpo de una joven de 20 años. Yo simplemente la miraba cuando sonreía y se posaba en su nube de algodón pensando en su “querido y único amor”. En esos momentos hubiera deseado que esos pensamientos fueran dirigidos a mí. Pero, ¿qué iba a hacer?¿Contárselo?¿Confesarle mi amor por ella? Ni loca. Sabía lo que supondría para ella el contárselo. No me volvería a hablar. Ya no seríamos mejores amigas, no seríamos nada. Por eso sufrí en silencio cada minuto que pasaba con ella.
Tan niña y tan madura al mismo tiempo...recuerdo el día que me defendió ante dos pijas de la facultad. Andábamos juntas por las fuente del campus y esas dos pavas se acercaron y se rieron de mis pantalones de tío, he de admitir que siempre me han quedado mejor que los de tía, y me llamaron camionera, nunca he sido una chica muy fina, desde luego, y Bea, si, así se llamaba, les gritó un par de cosas que las hizo alejarse con rapidez. “Ella por lo menos no viste como las putas de vuestro rango.” Aún sonrío al recordar esa frase. No sé si dejó más a cuadros a las pijas o a mí. En todo caso, me di cuenta de que me apreciaba de verdad.
Bea. Beatriz no, ella era Bea. Delicada como un capullo de mariposa y dura como una estaca en el corazón. En mi corazón. Su pelo, siempre recogido en una coleta alta, y sus ojos protegidos por un par de gafas de sol negras, que sólo se quitaba en las clases que le interesaban. La primera vez que vi sus ojos descubrí un nuevo universo: tan claros, tan inusuales, tan preciosos. Pero a ella no le gustaban nada. Yo siempre he dicho que podía tumbar a cualquier tío con sólo mirarlo, pero ella nunca se quiso quitar las gafas, nunca dejó que le viera los ojos, hasta esa noche.
Me invitó. Sí, ella me invitó. A dormir a su casa, que no estaban sus padres. No hizo fiesta ni nada. Sólo me invitó a mí. A una chica a la que acababa de conocer apenas un mes antes. Pero allí estaba yo, con mi mejor pijama y con fotos de mis ex novios bajo el brazo para cotillear con ella. Me enseñó su casa, el salón, la cocina, el comedor, el baño,...su habitación.... Se quitó las gafas en cuanto nos acomodamos encima de su cama. Me quedé sin habla cuando le vi los ojos. Y tuve deseos de poseerla allí mismo. Pero no podía. Sólo podía contemplarla. Se soltó el pelo y comenzó a desvestirse para ponerse el pijama. Nunca me habían atraído los cuerpos de mujer hasta que pude observar el suyo. La piel blanca, muy blanca. Pechos pequeños y tripa plana. Unas curvas perfectas formaban sus muslos. Piel tersa, sin defectos. Perfecta. Era perfecta.
Cuando se echó a llorar y sus ojos grises se tornaron de un color rojo, tuve deseos de matar al “amor de su vida”. Al parecer, el señorito “me gustan las tías con tetas operadas que me coman el rabo” le había dicho que no iba a hacer el trabajo con una “niña de mamá sin tetas”. Bea estuvo llorando durante horas hasta que logré calmarla. La dejé durmiendo en su casa. Estaba tan agotada de llorar que cayó enseguida encima de la cama. Respiraba profundamente. Una lágrima le caía por la mejilla. La recogí con mi dedo, con suavidad. Para mí, esa lágrima era un gran tesoro. Le di un beso en la frente y me marché de allí.
“¡Adivina!”, así me saludó unos meses después, cogiéndome por detrás. “¡He conocido a un chico!”. ¡Dios! ¿Otro más? El corazón decidió no explotar de milagro. Parece ser que nuestro queridísimo friki había llegado hasta su alma, y a algo más serio unas semanas después... “Por lo menos no es el de siempre”, pensé. Pero en el fondo de mi ser la quería para mí. Sólo para mí. Quería ser egoísta y llevármela para siempre a un mundo sin hombres y sin amores falsos. Sólo el nuestro. Un amor puro, un amor sin miedos.
¿Lo entiendes ahora, Bea? ¿Entiendes con mi propia historia lo que es el sufrir por amor? Creías que el hecho de que te llamaran plana o te pusieran los cuernos era motivo suficiente para intentar quitarte la vida una y otra vez. Pero yo siempre estaba allí para evitarlo. Espero que con leer esto comprendas todo lo que he sufrido...por ti. Y con esto me despido. Te quiero.